Oyakodon tradicional japonés (Tazón de arroz
pollo y huevo)
Un reconfortante clásico japonés de pollo tierno y huevo sedoso. Se cocina en una salsa a base de dashi y se sirve sobre una cama de arroz blanco al vapor.
El Oyakodon se traduce literalmente como tazón de padre e hijo, un guiño poético al uso simultáneo de pollo y huevo en la receta. Esta versión utiliza una técnica profesional de vertido en dos etapas para lograr un equilibrio perfecto entre cuajadas esponjosas y un acabado sedoso. A diferencia de la receta tradicional donde la cebolla se hierve en la salsa, aquí usamos cebollas marinadas y chamuscadas para aportar una sofisticada capa de textura y dulzor.
Ingredientes
- 250 g pechuga de pollo
- 2 large huevos grandes
- 100 ml agua
- 2 tbsp salsa de soja
- 1 tbsp mirin
- 1 tsp azúcar
- 0.5 tsp dashi en polvo
- 50 g hongos shimeji
- 1/4 cebolla (para marinar)
- 1 stalk cebolleta
- 1 bowl arroz blanco al vapor
Instrucciones
- 1Cortar la pechuga de pollo

Corta la pechuga de pollo en trozos delgados del tamaño de un bocado. Divide primero la pieza en tres partes iguales a lo largo del grano y luego lamínalas finamente. Esto garantiza que la carne quede tierna y se cocine rápido al guisarla.
Tip: El corte uniforme es clave: intenta que los trozos tengan un grosor similar para que se cocinen al mismo tiempo. - 2Preparar la salsa para Oyakodon

En un tazón de vidrio, combina el agua, la salsa de soja, el azúcar y el mirin. Agrega una pizca de dashi en polvo para realzar la profundidad del sabor umami. Esta mezcla proporciona el clásico perfil dulce y salado que define a un buen Oyakodon.
Tip: Bate bien la salsa para asegurarte de que tanto el azúcar como el dashi en polvo se disuelvan por completo antes de llevarla a la sartén. - 3Hervir la salsa a fuego lento

Enciende el fuego y vierte la mezcla de salsa preparada en una sartén pequeña. Deja que el líquido alcance un hervor suave. Esto creará el entorno ideal para escalfar el pollo y los hongos.
Tip: Usar una sartén pequeña y redonda específica para Oyakodon ayuda a que los huevos cuajen en un círculo perfecto listo para deslizarse sobre el arroz. - 4Agregar el pollo y los hongos

Distribuye los trozos de pollo en la salsa hirviendo seguidos de un puñado de hongos shimeji frescos. Extiéndelos de manera uniforme en la sartén para que se cocinen de forma homogénea en el líquido sazonado.
Tip: Los hongos shimeji aportan una excelente textura terrosa; solo recuerda cortarles la base y separar los tallos antes de añadirlos. - 5Verter la primera capa de huevo

Cuando el pollo esté casi cocido por completo, vierte el primero de los dos huevos batidos. Hazlo en un movimiento circular sobre el pollo y los hongos, permitiendo que comience a cuajar en la salsa burbujeante.
Tip: No remuevas los huevos una vez en la sartén; dejar que cuajen de forma natural creará esa textura esponjosa y marmoleada tan deseada. - 6Añadir la cebolleta

Espolvorea la cebolleta fresca picada sobre la mezcla a medida que la primera capa de huevo empiece a asentarse. El vapor de la salsa ablandará ligeramente la cebolleta sin que pierda su color verde vibrante ni su toque crujiente.
Tip: El calor residual continuará cocinando los huevos, por lo que es mejor apagar el fuego justo antes de que parezcan completamente cuajados. - 7El segundo vertido de huevo

Vierte el resto del huevo batido realizando circles sobre la sartén. Esta segunda adición crea la emblemática textura cremosa y semi-cuajada. Apaga el fuego casi de inmediato para conservar ese acabado sedoso.
Tip: Mantén el fuego bajo en esta etapa. Solo buscas cuajar apenas la segunda tanda de huevo para asegurar la clásica consistencia jugosa. - 8Armar el Oyakodon

Desliza con cuidado la mezcla terminada de pollo y huevo directamente desde la sartén sobre el tazón de arroz blanco caliente al vapor. Corona con las cebollas marinadas chamuscadas y vierte todo el excedente de salsa de la sartén para lograr esa consistencia caldosa que hace tan reconfortante a este plato.
Tip: Verter un poco de salsa sobre el arroz antes de colocar el pollo ayudará a que el sabor impregne cada grano desde el fondo.